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		<title>¿Cuánto cambia una marca un cambio de nombre?</title>
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		<pubDate>Thu, 16 May 2013 07:59:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; En los proyectos de branding, una de las cosas más difíciles y que más miedo genera es un cambio de nombre. La creación de un nombre es un proceso muy difícil que está totalmente asumido cuando se trata de &#8230; <a href="http://www.restforderest.com/archives/1416">Seguir leyendo <span class="meta-nav">&#187;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/><br />
En los proyectos de branding, una de las cosas más difíciles y que más miedo genera es un cambio de nombre. La creación de un nombre es un proceso muy difícil que está totalmente asumido cuando se trata de una nueva compañía o un nuevo producto o servicio.</p>
<p> Pero si existen razones legales o estratégicas para cambiar el nombre de una marca que tiene un gran valor comienza el “pánico”, porque se asume que al cambiar un nombre se pierde todo lo que se había construido con el tiempo. Hemos vivido recientemente una fusión en el sector energético donde lo lógico hubiese sido un cambio de nombre que nunca se produjo del todo.</p>
<p>Eso no es cierto en absoluto. Recordemos cuando las natillas Danone se pasaron a llamar Danet. Es cierto que se gastó un dinero en publicidad, pero todo el mundo entendió que las natillas Danone ahora se llaman Danet, y punto. </p>
<p>Por poner un ejemplo podríamos pensar: “¿Qué hubiera pasado si en los tiempos de Juan Villalonga Telefónica hubiera cambiado de nombre?”. Con una inversión en comunicación similar a la que se hizo cuando Movistar cambió de imagen, el consumidor hubiera sabido sin duda que la antigua Telefónica había cambiado, y por tanto, la estatura y enorme capacidad de la marca se habría transferido a la nueva Newname. Esa Newname nacería con un gran valor, infinitamente superior al que tendría una startup llamada Newname. Además de eso, en mi opinión, dar ese paso hubiera simplificado mucho la arquitectura de marca pues ese nuevo nombre hubiese servido como marca corporativa y como marca comercial. Realmente pienso que eso hubiese sido un gran acierto.</p>
<p>En la transferencia de valor hacia el nuevo nombre influyen varias cosas. Una de ellas es la representación gráfica, que es capaz de crear diferencias entre “lo que leemos” y “lo que vemos”. Para ello los colores y los símbolos ayudan mucho. </p>
<p>Por ejemplo los clientes del Santander que viajaban a Londres y leían “Abbey” en sucursales rojas, con una llama delante, y con la tipografía del Santander, en realidad veían “Santander”. Otro factor que influye es la estrategia de transición. Si se diseña correctamente, a las audiencias se les da tiempo a acostumbrarse al nuevo nombre sin perder de la noche a la mañana el contacto con el anterior. </p>
<p>Cada caso es diferente y por eso no hay reglas inamovibles. Pero lo que es cierto es que se puede conservar lo bueno de la marca cambiando radicalmente el nombre. No olvidemos que la marca es un conjunto de percepciones. Por tanto, lo que se debe hacer es controlar adecuadamente el proceso para mantener las percepciones que nos interesen que no tienen por qué ir intrínsecamente unidas al nombre. </p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<em><strong>Luis Manzano</strong></em><br />
Fundador de <em>SOULMAN Insightful Thinking</em><br />
<a href="http://www.soulmanblog.com/" target="_blank">www.soulmanblog.com</a><br />
<a href="http://www.soulman.es/" target="_blank">www.soulman.es</a></p>
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		<title>Memoria transactiva y efecto Google</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1410</link>
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		<pubDate>Thu, 09 May 2013 08:05:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/> </p>
<p>El concepto de <strong>memoria transactiva</strong> fue desarrollado por el psicólogo Daniel Wegner, de la Universidad de Harvard, planteando que no sólo almacenamos datos en nuestro propio cerebro, sino que también lo hacemos usando el de otras personas.</p>
<p>Recordamos menos datos a nivel individual pero <strong>sabemos en dónde está retenida dicha información</strong>. Esto es como usar a los demás individuos como una especie de disco externo y apoyarnos en su capacidad para obtener la información.</p>
<p>Dentro del contexto tecnológico-digital actual Google es el gran almacén de datos para el ser humano, es la gigantesca memoria colectiva externa y sus motores de búsqueda.</p>
<p>Los psicólogos lo llaman el “<strong>efecto Google</strong>”, es decir, la alteración en el proceso de aprendizaje y en el desarrollo que se produce cuando una persona tiene a golpe de “click” el acceso a una información que no supone ningún esfuerzo y al que acudimos de forma constante.</p>
<p>La <strong>revista Science</strong> (15.07.2011) recogió un estudio realizado a universitarios y mostraba que los alumnos que no retenían datos, era porque sabían que podían tener acceso a ellos a través de internet.</p>
<p>Todo esto no es ni bueno ni malo, pero como afirma el neurólogo <strong>Toshiyuki Sawaguchi</strong> (universidad de Hokkaido, Japón) “se está perdiendo la capacidad de recordar cosas aprendidas recientemente, para sacar datos antiguos y para distinguir entre la información importante y la poco importante. Es un tipo de disfunción cerebral”.</p>
<p>El psicólogo <strong>Raúl Quevedo Blasco</strong>, de la universidad de Granada, afirma que “las nuevas tecnologías son geniales, pero han logrado que muchas personas hayan olvidado multiplicar”.</p>
<p>Paradójicamente estamos en un momento en el que se están desarrollando juegos, como el popular <strong>Brain Training</strong>, para potenciar nuestra materia gris en el cerebro.</p>
<p>“Las nuevas tecnologías cambian paradigmas. De esta manera, las formas de procesamiento que eran habituales en generaciones anteriores se alteran; es decir, si en el pasado el procesamiento de la información era más lineal, actualmente es en paralelo, por eso una persona puede mantener al mismo tiempo varias conversaciones a través de Twitter, SMS y chat sin inconvenientes”, detalla el neurólogo <strong>Ricardo Allegri</strong>. </p>
<p>Está claro que <strong>las TIC han afectado al aprendizaje y al comportamiento de los alumnos</strong>. Citamos varios aspectos ampliamente investigados por la psicóloga <strong>Esther Legorgeu</strong>:</p>
<p>•	Empeoramiento por el interés de libros escritos y la capacidad de comprensión.<br />
•	Pérdida de la capacidad de imaginación y de la inventiva. Internet lo da todo hecho y ahora lo que se hace es planificar la búsqueda de la información.<br />
•	Decrecimiento del esfuerzo mental y de realizar un trabajo intelectual.<br />
•	La exposición oral es menos atractiva por su falta de interactividad respecto de Internet.<br />
•	Las TIC fomentan el autoaprendizaje, ya que se puede profundizar aprovechándose de una enorme cantidad de información, mucho más global.<br />
•	Aumento de la capacidad de memoria visual.</p>
<p>Sea como fuere, el cerebro y sus capacidades cognitivas se está adaptando a las TIC y con el tiempo se sabrá si se están generando nuevas conexiones cerebrales o modificaciones en las áreas de materia gris, debido a la gran capacidad plástica de éste órgano (aquí difiero enormemente con algunos autores que aún creen en el postulado lamarkista de “la función crea al órgano” para ofrecer una explicación científica a un hecho que aún está por investigar con métodos de resonancia magnética o TAC)..</p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Jesús L. Barrón.</strong><br />
Profesor UNIR.<br />
<a href="http://blogs.unir.net/mastersecundaria/2013/05/01/memoria-transactiva-y-efecto-google/" target="_blank">http://blogs.unir.net/mastersecundaria/</a></p>
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		<title>El botijo, esa gran innovación</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1374</link>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2013 07:45:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Entrada un poco socarrona, pero con muchas (¡espero!) cosas que aprender. Pregunta clara, sencilla y directa: ¿Es el botijo una innovación? Respuesta: SÍ. Y puede que ahora no lo sea, pero lo fue (cuando aún no se había inventado &#8230; <a href="http://www.restforderest.com/archives/1374">Seguir leyendo <span class="meta-nav">&#187;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/><br />
Entrada un poco socarrona, pero con muchas (¡espero!) cosas que aprender.</p>
<p>Pregunta clara, sencilla y directa: ¿Es el botijo una innovación?</p>
<p>Respuesta: SÍ. Y puede que ahora no lo sea, pero lo fue (cuando aún no se había inventado ni la palabra innovación).</p>
<p>¿Qué es innovación?</p>
<p>De pequeño me enseñaron que cuando uno va a hablar de algo, mejor empieza definiéndolo. Y si es con referencia a alguna fuente comúnmente aceptada, como un diccionario, mejor que mejor. Según el Manual de Oslo, que es la biblia en lo que a innovación tecnológica se refiere, en el epígrafe 156 (no diréis que no doy pistas) se define:</p>
<p>Una innovación de producto se corresponde con la introducción de un bien o de un servicio nuevo, o significativamente mejorado, en cuanto a sus características o en cuanto al uso al que se destina. Esta definición incluye la mejora significativa de las características técnicas, de los componentes y los materiales, de la informática integrada, de la facilidad de uso u otras características funcionales.</p>
<p>¿Es el botijo una innovación?</p>
<p>Asociamos innovación a algo nuevo. Y eso es cierto, solo que nuevo siempre se refiere a una condición temporal. Nadie diría que el coche es una innovación, porque estamos acostumbrados a verlos desde que nacimos. Pero el coche fue una auténtica innovación cuando se inventó. Incluso cuando Henry Ford lo democratizó haciéndolo accesible al ciudadano medio (y no solo a las élites económicas), se innovó tanto en la fabricación como en las características del vehículo. Del mismo modo, cuando les diga a mis hijos dentro de unos años que los smartphones y tablets fueron una innovación, puede que se partan de risa. Y con razón. Han nacido con ellos entre las manos.</p>
<p>Quitemos entonces el factor temporal. Evidentemente hoy en día el botijo no es una innovación. Pero en su día lo fue, por los motivos que vienen a continuación.</p>
<p>No pretendo escribir una entrada rigurosa sobre la historia del botijo, ni de sus características. Pero si miro la definición de innovación anterior, el botijo sí fue claramente una innovación.</p>
<p>•	 Así, a bote pronto, fue un servicio nuevo. Una manera sencilla, ergonómica y portable de beber agua fresca, que se conserva durante mucho tiempo.<br />
•	Da un enorme valor. A cuarenta grados a la sombra, en el campo, y sin frigorífico (no se había inventado), todo un lujo asequible y un placer.<br />
•	 No es un recipiente cualquiera. La utilización de un material de unas características dadas (arcilla) es esencial para el funcionamiento del botijo De hecho se basa en el ahora llamado efecto botijo: el agua se filtra por los poros de la arcilla y en contacto con el ambiente exterior se evapora, produciendo un enfriamiento. La clave del enfriamiento está en la evaporación del agua.<br />
•	No solo cumple aspectos funcionales. También decorativos, incluso durante su momento de apogeo, gracias a las posibilidades de que ofrece en tamaño, forma y decoración exterior.<br />
•	Se ha convertido en un objeto tradicional y que ha vencido al tiempo. Aunque es verdad que su uso no está muy extendido, todavía puede verse en muchas regiones de España.<br />
•	Y precisamente por esa larga historia, se le asocia a una cierta imagen de marca del entorno rural.</p>
<p>Sin entrar en los aspectos específicos de para qué sirve, podríamos decir cosas similares de muchas invenciones de las que nadie duda que sean una innovación: valor añadido, portabilidad, facilidad de uso, elemento decorativo, asociación de marca.</p>
<p>Conclusiones</p>
<p>Por todo lo anterior, el inventor del botijo debería pasar a la historia. Fue el Steve Jobs de su época.</p>
<p>Hay muchas cosas que no asociamos a innovaciones por la costumbre de tenerlas a nuestro alcance. Por ejemplo, la leche en polvo infantil fue toda una innovación de Nestlé en la nutrición infantil. Aunque para mí, la verdadera innovación en productos lácteos, fue la leche condensada&#8230; </p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Ángel Gavín.</strong><br />
<a href="http://elmiracielos.com/2013/04/15/botijo-innovacio/" target="_blank">http://elmiracielos.com</a></p>
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		<title>La gente más extraña del mundo… los occidentales</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1334</link>
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		<pubDate>Thu, 25 Apr 2013 07:50:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/><br />
<a href="http://www.restforderest.com/wp-content/uploads/2013/04/Línies3.tif"><img src="http://www.restforderest.com/wp-content/uploads/2013/04/Línies3.tif" alt="" title="Línies3" class="aligncenter size-full wp-image-1369" /></a></p>
<p>La ilustración de arriba muestra una de las ilusiones ópticas más conocidas estudiada por la psicología: la ficción de que dos líneas rectas representadas en tres dimensiones tienen distinta longitud en función de la perspectiva. Sin embargo, para los bosquimanos del Kalahari no existe tal ilusión: ambas líneas miden exactamente lo mismo.</p>
<p>La conclusión provisional –y necesariamente etnocéntrica- es que los bosquimanos tienen un punto de vista peculiar, “extraño”, que les impide ver lo que a todas luces es una paradoja. Sin embargo, la mayoría de los sujetos no occidentales encuestados no captaron la ilusión óptica; como los bosquimanos, veían las líneas como son: iguales. En realidad, los ‘raros’ somos los occidentales. Hemos crecido en habitaciones en forma de caja y cuya percepción visual está adaptada a este extraño nuevo entorno (nuevo y extraño en términos evolutivos), en el que aprendemos a percibir líneas convergentes en tres dimensiones.</p>
<p>El hallazgo de esta disonancia cultural llevó al investigador Joe Hendrich a sumergirse en el proceloso mundo de los estudios científicos para descubrir que el 96% de los sujetos participantes en estudios psicológicos eran occidentales, y de ellos, el 70% eran estadounidenses. La inmensa mayoría de la investigación –en ciencias sociales y en cualquier otra rama científica- se realiza en centros de investigación occidentales (EE UU, Europa y Japón), de modo que los resultados están sesgados por la abusiva participación de los occidentales y su peculiar (extraña, como veremos) forma de mirar el mundo.</p>
<p>El hecho de que una parte del mundo que representa solo el 12% de la población mundial cope el 96% de los sujetos humanos de los estudios sería intrascendente –puro ruido estadístico- si no fuera por dos motivos que descubrió Hendrich:</p>
<p>1. Las conclusiones de los estudios son automáticamente extrapoladas al resto de la población mundial, convirtiendo en propias de la “naturaleza humana” actitudes que solo son compartidas por un grupo particular.</p>
<p>2. Cuando se realizan estudios interculturales, los occidentales, y más concretamente los estadounidenses, ocupan sistemáticamente un extremo de la tabla de los resultados. En otras palabras, puestos a escoger un grupo de población representativo de todo el rango humano, probablemente el más inapropiado es el que se escoge con más asiduidad.</p>
<p>Joseph Heinrich y sus compañeros de la (muy occidental) Universidad de British Columbia, Steven Heine y Ara Norenzayan, publicaron en 2009 un controvertido artículo titulado ‘The Weirdest People in the World’ [.pdf], un torpedo en la línea de flotación de la metodología de las ciencias sociales. En él, alumbraron el afortunado acrónimo W.E.I.R.D., las siglas de “Western, Educated, Industrialized, Rich and Democratic” para referirse a esos extraños sujetos que somos… vosotros y yo.</p>
<p>Un ejemplo aún más flagrante del peso cultural en el comportamiento individual lo ofrece el conocido Juego del Ultimátum, en el que participan dos jugadores, uno de los cuales recibe una cantidad de dinero que debe dividir con el otro participante. Si este rechaza la oferta, los dos se quedan sin dinero. La lógica económica dicta que los jugadores occidentales tenderán a ofrecer un acuerdo del 50-50, y que cuando no exista equidad en la oferta, un jugador tenderá a castigar al otro.</p>
<p>Sin embargo, entre los individuos de la tribu amazónica de los machiguenga a los que Heinrich invitó a jugar el Juego del Ultimátum, los participantes parecían encantados de recibir cualquier oferta, por pequeña que esta fuera: “La idea de rechazar una oferta de dinero gratis les parecía simplemente ridícula”, explica Heinrich. A continuación, el investigador realizó la misma prueba con otros 14 grupos sociales pequeños, de Tanzania a Indonesia, para concluir que la generosidad con el contrincante era la norma y no la excepción, que era el caso entre los occidentales.</p>
<p>Los ejemplos que incluye el artículo sobre la “excepcionalidad cultural occidental” son abundantes, desde la idea de que el amor romántico es la base del matrimonio, apenas sustentada por la mayoría de los no occidentales, para quienes el matrimonio debe preceder al amor, hasta la particularidad del pensamiento analítico occidental frente al razonamiento holístico de la mayoría del resto de los pueblos del mundo: “En  Occidente desarrollamos la visión de que estamos separados del resto del mundo, lo que podría estar conectado con cómo razonamos”, explica Henrich.</p>
<p>Si bien los autores del estudio temían ser repudiados por sus colegas –genuinos representantes de la ciencia WEIRD- tras la publicación del mismo, tal y como reconoce Henrich en una entrevista en Pacific Standard, lo cierto es que sucedió lo contrario: poco a poco, investigadores de diferentes disciplinas –de la neuroimagen a la psicolingüística- entonaron el ‘mea culpa’, reconociendo un hecho que se les había pasado por alto: los participantes en sus estudios casi siempre eran WASP (o WEIRD), de modo que los resultados de los mismos estaban condicionados por este sesgo.</p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Iñaki Berazaluce.</strong><br />
Periodista.<br />
<a href="http://www.yorokobu.es/insolitos-occidentales/#more-82964" target="_blank">http://www.yorokobu.es</a></p>
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		<title>El aleteo de una mariposa sigue provocando tornados</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1315</link>
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		<pubDate>Thu, 18 Apr 2013 07:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/><br />
En marzo de 1963, el matemático y meteorólogo estadounidense Edward Lorenz dejó bien claro porqué los hombres del tiempo se equivocan tanto. Bajo el anodino título de Flujo determinista no-periódico, publicó un artículo que, 50 años después, es uno de los más citados de la historia científica. Contenía la moderna formulación de la teoría del caos, según la cual los sistemas dinámicos como el clima son muy sensibles a las condiciones iniciales. Para hacer más digeribles sus ideas, durante una conferencia, planteó la siguiente pregunta: ¿puede el aleteo de una mariposa en Brasil producir un tornado en Texas?</p>
<p>Aunque Lorenz pudo coger prestado del escritor de ciencia-ficción Ray Bradbury la metáfora del efecto mariposa, los sistemas que siguen los patrones descritos en la teoría del caos son muy reales. El no tan ordenado movimiento de los astros, el desplazamiento del plancton por los mares, el retraso de los aviones, la sincronización de las neuronas o el flamear de las banderas; todos son sistemas caóticos o, como prefieren llamarlos los físicos, “dinámicos no lineales”.</p>
<p>Un par de años antes de publicar su seminal artículo, Lorenz estaba trabajando en el diseño de un modelo de predicción meteorológica. En una ocasión, durante la simulación de la convección de masas de aire, olvidó anotar los últimos valores numéricos de las variables que había obtenido. Decidió reiniciar el trabajo con los datos que sí tenía, acortando una cifra. Aquellos pocos decimales de menos resultaron un cambio radical del tiempo estimado.</p>
<p>“La teoría del caos destaca la importancia de las condiciones iniciales para resolver un problema”, dice Claudio Mirasso, del Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC) de la Universitat de les Illes Balears y el CSIC. “En la simulación del tiempo, si introduces los valores de tus variables con diferente precisión, en poco, el tiempo habrá cambiado enormemente”, añade. Esa sensibilidad a las condiciones iniciales está en la base de la teoría y del efecto mariposa.</p>
<p>Otra de sus características es su dificultad para predecirlos. En la época de Lorenz no existían los modernos satélites ni las complejas redes de estaciones meteorológicas que hay hoy, pero ya entonces dejó claro que no se pueden hacer buenas predicciones del tiempo a medio plazo. Lo único que ha hecho la moderna tecnología es ganar días antes de que cualquier predicción sea víctima del caos.</p>
<p>Pero caos no significa azar. El humo de un cigarrillo, por ejemplo, es un movimiento caótico pero no caprichoso. Si se tuvieran los datos exactos de todas las variables que intervienen, desde el viento y dirección del aire, el polvo en suspensión, la combustión…. se podría predecir por donde irá tras la siguiente calada. ”El problema es que el caos y el azar se parecen”, recuerda Mirasso. Lo que hizo Lorenz fue someter a la ciencia a una cura de humildad.</p>
<p>UN ORDEN CELESTE DESORDENADO</p>
<p>Lorenz no fue el primero que destacó el papel del caos en todo lo que nos rodea. Ya en el siglo XIX, Henri Poincaré demostró que el orden de los cuerpos celestes establecido por Isaac Newton no era tal. Las órbitas de planetas y lunas no son tan exactas. “El problema es que, en nuestra escala del tiempo, nosotros no podemos verlo”, explica Emilio Hernández-García, también del IFISC. Pero hasta Lorenz, lo de Poincaré era visto como una extravagancia de los matemáticos. Tras Lorenz, “el caos empezó a ser visto no como una rareza sino como lo normal”, añade este investigador.</p>
<p>Hoy, la teoría del caos se aplica al estudio de un sinfín de los llamados modelos de dinámica no lineal. En el caso de Hernández-García, por ejemplo, lo hace en oceanografía. Estudia la estructura de las masas compactas de agua del mar para calcular su movimiento. Entre las aplicaciones de sus modelos estarían el desplazamiento del plancton, con sus implicaciones en la biodiversidad marina y la pesca, o la lucha contra los vertidos de petróleo.</p>
<p>Pero hay muchas otras aplicaciones, desde la criptografía caótica hasta la movilidad urbana, pasando por el tratamiento de enfermedades o el devenir de la bolsa. Mirasso ya demostró hace unos años las posibilidades del caos para transmitir información cifrada hace unos años en un experimento realizado en Atenas.</p>
<p>Pero, ¿existe aquel efecto mariposa que usó Lorenz para empezar su conferencia? La metáfora es muy sugerente y ha dado para varias películas, libros y hasta una cosmogonía sobre el papel del hombre en el mundo. Aunque para Mirasso, en la medida que indica que pequeñas variaciones, muchas veces imperceptibles, pueden tener grandes consecuencias, “no es una metáfora descabellada”, para su colega Hernández-García, es poético pero inútil ya que “no sabemos si hubo aleteo o cuántas mariposas aletearon”.</p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Miguel Ángel Criado.</strong><br />
<a href="http://www.yorokobu.es/el-aleteo-de-una-mariposa-sigue-provocando-tornados" target="_blank">http://www.yorokobu.es</a></p>
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		<title>El peligro del &#8220;no es asunto mío&#8221; en las organizaciones con división de tareas</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1309</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Apr 2013 07:54:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Hay cuatro palabras que pueden destruir toda una organización: &#8220;no es asunto mío&#8221;. En realidad son cuatro por la traducción, tres en la cita original de Seth Godin: Three words can kill an entire organization: “Not my job”. Not &#8230; <a href="http://www.restforderest.com/archives/1309">Seguir leyendo <span class="meta-nav">&#187;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/><br />
Hay cuatro palabras que pueden destruir toda una organización: &#8220;no es asunto mío&#8221;. En realidad son cuatro por la traducción, tres en la cita original de Seth Godin: <em>Three words can kill an entire organization</em>: “<em>Not my job</em>”.</p>
<p><strong><em>Not my job.</em></strong> Suena hasta más contundente en inglés.</p>
<p>Evidentemente <strong>toda organización requiere una división de tareas y responsabilidades</strong> (aunque la jerarquía pueda estar más o menos diluida).</p>
<p>Cojamos como ejemplo un equipo de fútbol. Cada jugador tiene definida una posición en el campo, un papel. Pero si a un defensa se le presenta la ocasión de meter gol, chutará a puerta. Y si un delantero tiene que darse una carrera de punta a punta del campo para defender una jugada, deberá hacerlo.</p>
<p>Todo lo demás irá en detrimento del equipo, y no lo entendería la afición. Incluso el portero puede subir a rematar un gol, con mejores o peores resultados.</p>
<p><strong>Hay que romper… ¡falsos mitos!</strong></p>
<p>¿Por qué (no siempre) se hace lo mismo en la empresa? Sospecho que el mismo que el domingo está poniendo verde a un delantero en el campo por no defender, el lunes se le cae el bolígrafo para ayudar a un compañero en la oficina. Es en cualquier caso una cuestión de cultura de cada empresa.</p>
<p>Si todo el mundo ayuda a todo el mundo, asume tareas que no son las suyas, nadie se atreverá a contravenir dicha filosofía, y la asumirá como natural. Se trata de colaborar a todos los niveles. Por experiencia.</p>
<p>Obvio, ¿no? No tanto.<strong> ¿Cuáles son tus asuntos en la empresa? </strong>¿Crees que basta con <strong>ayudar a un compañero</strong>, que está pasando un apuro en otro proyecto? Evidentemente ayudar a otro compañero sí es asunto tuyo. Y siempre se puede. Aunque no conozcas el problema o proyecto en el que está trabajando, o no seas experto.</p>
<p>Puede que baste con arreglar el formato de un documento, copiar unos datos, imprimir algo o simplemente quedarte en la oficina para que no se sienta solo (y por si en un momento dado puedes realmente ayudarle de manera activa). No es mala práctica llevar un café, o unos refrescos, cervezas, o una pizza, y ofrecerle un descanso (siempre necesario). <strong>Un mucho de empatía</strong>.</p>
<p>Pero aún voy más allá. Si trabajas en producción, diseño o ingeniería,<strong> ¿crees que el marketing no va contigo? ¿Y las ventas?</strong> Evidentemente no se trata de hacer el trabajo de otros, menos aún de manera descoordinada. Pero sí de brindar apoyo a otras áreas funcionales o de soporte, y no solo porque te lo pidan. Debes poner los medios para que haya una buena coordinación entre todas las partes implicadas, siendo <strong>proactivo</strong>.</p>
<p>Por ejemplo, si has metido una nueva funcionalidad en un producto, asegúrate de que es conocida y tenida en cuenta por la gente que la va a promocionar o vender. Cuando estés en contacto con tus clientes, <strong>debes ser el comercial número uno,</strong> transmitiendo seguridad y convencimiento en el producto.</p>
<p>¿La <strong>formación</strong>? No es solo cosa de personal externo, o de gurús. Cada uno debería ser responsable de formar a los miembros de su equipo, tanto subordinados como iguales. Da apoyo, enseña, organiza pequeños talleres. Transmite lo que sabes. Forma.</p>
<p>¿La <strong>imagen de marca</strong>? ¿Crees que es solo cosa del departamento de comunicación (o el que corresponda)? No. Por ejemplo, la creación de contenidos en el blog corporativo. Tiene haber alguien que coordine la línea editorial, pero la generación de contenidos es responsabilidad de todos. Y tan importante es que la empresa fomente esta actividad, de manera que no se perciba como una obligación sino como una oportunidad, como que los trabajadores entiendan que sí es su trabajo, aunque no quede por escrito.</p>
<p>¿Y los <strong>procedimientos</strong>? ¿Crees que proponer contribuciones a los procedimientos y normas no son asunto tuyo? Craso error. Cualquier empresa con un sistema de gestión de la calidad mínimamente serio incluye la parte de revisión y mejora continua de los procedimientos.</p>
<p>Pero aunque no esté por escrito, aunque no haya una certificación, las cosas en la empresa no se hacen (o, al menos, no se deberían hacer) por mandato divino. Se hacen en base a la experiencia de las personas. Y ahí puedes contribuir, mejorando las existentes o proponiendo nuevas.</p>
<p>Y de la <strong>innovación</strong>, ni hablemos. Hay empresas en las que, formalmente, todo el mundo innova. En otras, hay grupos dedicados a la innovación. Sea como fuere, ninguna empresa (mínimamente seria) debe ser impermeable a las opiniones, a las sugerencias, a las nuevas ideas que se le propongan. Es cuestión de usar los cauces adecuados.</p>
<p>Conclusiones</p>
<p>La división de tareas es fundamental para el éxito de cualquier organización. Pero <strong>hay asignaciones no escritas, deberes fruto de la responsabilidad personal y profesional, y del compromiso por la empresa</strong>. Y es un deber mutuo para empresa y trabajadores. Para la primera, fomentar la confianza e iniciativa de los trabajadores. Para estos, corresponder a dicha iniciativa y fomentar el compañerismo y la colaboración. Empresa y trabajadores saldrán beneficiados.</p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Ángel Gavín.</strong><br />
<a href="http://elmiracielos.com/" target="_blank">http://elmiracielos.com/</a></p>
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		<title>Nomofobia: el horror vacui tecnológico</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1302</link>
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		<pubDate>Thu, 04 Apr 2013 07:49:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; He conocido a varias personas que les picaba o les dolía algún miembro del que lamentablemente, por enfermedad o accidente, carecían. Para quien no tiene esta carencia -una amputación- es muy difícil hacerse una idea razonable de lo que &#8230; <a href="http://www.restforderest.com/archives/1302">Seguir leyendo <span class="meta-nav">&#187;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/><br />
He conocido a varias personas que les picaba o les dolía algún miembro del que lamentablemente, por enfermedad o accidente, carecían.</p>
<p>Para quien no tiene esta carencia -una amputación- es muy difícil hacerse una idea razonable de lo que significa, porque: ¿dónde te rascas cuando te pica un pie del que careces?</p>
<p>Leía hace unos días en un blog, una reflexión, que ahora traslado al lector:</p>
<p>¿Notas la vibración de tu móvil aun cuando no lo llevas encima? ¿Te escapas del trabajo para volver a casa a por tu smartphone cuando descubres que lo olvidaste? ¿Miras la pantalla cada diez minutos por si alguien te ha enviado un mensaje, correo o te invita a algo en una red social?<br />
Si alguna de estas preguntas, o semejantes, te ha herido, querido lector, no lo dudes: puedes estar afectado por la nomofobia, una enfermedad del siglo XXI.</p>
<p>La palabra nomofobia viene del inglés nomophobia, que se compone de no (negación), mo (de mobile phone o teléfono móvil) y de phobia (miedo irracional). En conjunto, se refiere al miedo irracional -no controlado- a estar separado del teléfono móvil. Y, por extensión, actualmente se aplica al miedo a estar desposeído de una línea de comunicación o cibernética: correos, SMS, telefonía de voz, redes sociales, etc.</p>
<p>Copio los datos de los estudios realizados para establecer un marco de referencia del problema:</p>
<p><em>La patología se identificó por primera vez en 2008 y los expertos señalan que quienes la padecen experimentan una gran ansiedad cuando se dan las siguientes situaciones: pérdida de teléfono móvil, batería o crédito agotado y falta de señal.</p>
<p>El primer estudio que dio la voz de alarma sobre este fenómeno lo llevó a cabo el gobierno británico hace cuatro años, con el fin de investigar las ansiedades que sufren los usuarios de telefonía móvil: se registró que un 56% de hombres y un 48% de mujeres sufrían esta fobia y que un 9% se sentía “estresado” cuando su aparato se apagaba.</p>
<p>La investigación actual, elaborada por la empresa de dispositivos de seguridad para teléfonos móviles SecurEnvoy, reveló que la cifra de afectados aumentó en el país.</p>
<p>Tras encuestar a unas 1.000 personas, se constató que el 77% de los individuos con edades comprendidas entre los 18 y los 24 años sufrían nomofobia, mientras que en la franja de edad que va de los 25 a los 34 años, la incidencia fue del 68%.</p>
<p>Es más, el sondeo descubrió que un 41% de los encuestados llevaban con ellos dos teléfonos móviles para así nunca quedarse “desconectados”.</p>
<p>Pero la nomofobia despierta debate en el mundo de la psicología. Para Francisca López Torrecillas, experta en adicciones de la Universidad de Granada, “todavía no se puede considerar una enfermedad”. “Es más bien un síntoma de la adicción al móvil”, señaló.</p>
<p>Explicó que un nomofóbico no puede imaginar salir a la calle sin él y además invierte un mínimo de cuatro horas diarias consultándolo por motivos ajenos al trabajo.</p>
<p>Ese tipo de persona, además, “suele tener baja autoestima, ser introvertido y en su tiempo libre sólo usa el teléfono móvil, algo que va unido a no tener otras actividades de ocio”, agregó.</p>
<p>Esta fobia fue vinculada por otros especialistas a la adicción a la tecnología, más precisamente con la necesidad de revisar constantemente cada mensaje, alerta o sonido que genera el teléfono.</p>
<p>A principios de este año un equipo de investigadores de la Universidad de Worcester en Reino Unido, determinó que esta ansiedad permanente -resultado de estar siempre conectados- eleva considerablemente los niveles de estrés. Paradójicamente, el malestar era mayor cuando el teléfono móvil se usaba más para fines personales que laborales. La investigación también ha demostrado que los niveles de estrés de una persona con nomofobia son equiparables con los nervios que se tienen el día antes de la boda o de la visita al dentista.</em></p>
<p>Pero, ¿por qué no somos capaces de controlar este impulso irracional alimentado por el afán de novedades?</p>
<p>Si pensamos que esto es nuevo, estamos muy confundidos.</p>
<p>Los aristotélicos ya hablaban de que &#8220;La Naturaleza aborrece el vacío&#8221;. Algunas corrientes artísticas como el Barroco -más específicamente el Rococó-, pero también la decoración islámica o el ostentoso arte bizantino también comparten este &#8220;horror al vacío&#8221;.</p>
<p>El horror vacui, como se llama técnicamente a esta forma de decoración intensiva de todo el espacio pictórico o escultórico, lleva al artista a no dejar ningún vano sin decoración.</p>
<p>Por eso, considero que la nomofobia es el horror vacui de este siglo. Si quieres racionalizar tu vida tecnológica no tienes más remedios que aprender a manejar tus silencios.</p>
<p>¿Y, tú, lector? ¿Eres nomofóbico?</p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Alfredo Abad Domingo.</strong><br />
Físico. Escritor. Divulgador técnico.<br />
Prof. Sistemas, Redes de Comunicaciones, Seguridad y Alta Disponibilidad.<br />
Impacto social de la tecnología y E-Learning.<br />
<a href="http://curiositatics.blogspot.com.es/2013/04/nomofobia-el-horror-vacui-tecnologico.html" target="_blank">http://curiositatics.blogspot.com.es/2013/04/nomofobia-el-horror-vacui-tecnologico.html</a><br />
<a href="https://twitter.com/AlphesTIC" target="_blank">@AlphesTIC</a></p>
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		<title>Procrastinación. ¿Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy?</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1293</link>
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		<pubDate>Thu, 21 Mar 2013 08:26:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/><br />
Me ha costado mucho escribir este artículo. En un principio tenía varias semanas por delante para prepararlo. “Me iré documentando con calma”, me decía, pero cada día encontraba algo mejor que hacer: total, todavía quedaba tiempo. </p>
<p>Así me dediqué a unos arreglos en casa que tenía pendientes hace tiempo, fregué varias docenas de platos sucios y crucé la ciudad en varias ocasiones para realizar gestiones administrativas bastante infernales.</p>
<p>Todo ello fue harto productivo, pero el artículo seguía detenido, sin avanzar, sin comenzar siquiera. ¿Qué me ocurre?, pensé, ¡qué raro! Me di cuenta entonces de que estaba procrastinando su redacción (horrible palabro para la horrenda costumbre de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy). Es decir, estaba siendo víctima de la actitud mental malsana sobre la que tenía que escribir. Estaba preso de mi artículo y yo mismo era mi objeto de estudio. Por lo demás, la procrastinación no era nada nuevo para mí, como no lo es para ningún ser humano.</p>
<p>Busqué a un especialista para que me explicara por qué ocurre este fenómeno y localicé a <strong>Juan Francisco Díaz-Morales</strong>, profesor titular de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, al que, por cierto, tardé varios días en telefonear porque siempre encontraba algo más urgente (o menos, pero más placentero) que hacer.</p>
<p>¿Qué me sucede?, le dije. “Definimos procrastinación como la tendencia a posponer el inicio o finalización de las tareas”, me explicó, “tendencia que genera sentimientos de inquietud, nerviosismo o abatimiento. Hasta que no se aproxima fatídicamente la fecha límite para realizarlas, no nos ocupamos de ellas. A veces resolvemos bien la papeleta, pero otras no”.</p>
<p>Los psicólogos dicen que no hay que confundir esto con la postergación racional de una actividad cuando se impone otra más importante. Eso es muy normal y muy recomendable. Al contrario, el procrastinador suele distraerse en otras tareas irrelevantes pero que ofrecen una satisfacción inmediata y no a largo plazo: un videojuego, ir a la nevera, las redes sociales, fumar un cigarrillo…</p>
<p>“Hay tres tipos de procrastinadores”, continúa Díaz-Morales, “los que procrastinan por miedo a hacerlo mal, los que lo hacen por pura indecisión y los que no encuentran la motivación necesaria hasta que no le ven las orejas al lobo”. El que firma esto se identifica especialmente con el tercer caso: hasta que no faltaban unos días para la entrega de este texto no sentí esa tensión creativa que me llevó a ponerme a ello con<br />
decisión y sin medias tintas.</p>
<p>Seguro que usted ha caído en la procrastinación alguna vez al posponer una tarea para otro momento más oportuno. Bien, no se preocupe, todos lo hacemos. Por ejemplo, el Dr. Díaz-Morales confiesa que él mismo, estudioso del asunto, deja muchas veces para más adelante tareas como hacer la compra o hacer reparaciones en casa. En casa del herrero, cuchillo de palo.</p>
<p>Explica el profesor que en muchos países hay en torno al 14% de individuos tendentes a la procrastinación. Y seguro que usted alguna vez ha bromeado con el asunto. Pero lo cierto es que puede tener consecuencias muy serias: si uno tiene esta actitud en el trabajo y es de los que no acaba con éxito sus tareas en el sprint final, puede ser despedido.</p>
<p>Mucha gente ha incidido en la procrastinación en sus acciones a la hora de hacerse chequeos médicos y ha sido diagnosticada de enfermedades, como cáncer o sida, cuando ya era demasiado tarde. El <strong>Dr. Piers Steel</strong> estima que este síndrome tiene un costo económico al año en EE UU de 1,2 billones de dólares y tiene claro que esta evaluación es muy baja para el coste real que se produce.</p>
<p>Además, hay casos extremos, como los de los procrastinadores crónicos, que lo son de manera patológica en casi todos los ámbitos de su vida. Relata el Dr. Steel en su recomendable libro <strong>Procrastinación</strong> (DeBolsillo) el caso del poeta romántico inglés <strong>Samuel Colerigde </strong>que arruinó su existencia por su fortísima tendencia a dejar sus asuntos para otro momento: no contestaba las cartas, no cumplía sus plazos de entrega y se eternizaba en acabar sus poemas.</p>
<p>Para colmo, era adicto al opio, una de sus distracciones favoritas. Uno de sus más célebres poemas, el Kubla Khan, inspirado por el sueño del láudano, en vez de 200 o 300 versos que el poeta preveía, solo tiene 54. “Su existencia se convirtió en una sordidez de procrastinación, excusas, mentiras, deudas, degradación y fracaso”, según escribió <strong>Molly Lefebure</strong>. Y acabó triste, solo y perseguido por sus acreedores.</p>
<p>Hoy en día, los procrastinadores por antonomasia son los estudiantes universitarios, a quienes los psicólogos estudian, incluso, como un grupo aparte del resto de la población debido a su carácter intrínsecamente postergador en sus tareas. Si usted ha sido estudiante, lo entenderá a la perfección: es el momento de la vida en el que se combina la libertad del adulto con la falta de responsabilidades del menor y los objetivos a largo plazo como exámenes y trabajos… El cóctel procrastinador perfecto.</p>
<p>Pero ¿por qué procrastinamos nuestras decisiones? Cuenta en su libro Piers Steel que probablemente se trate de un asunto de la evolución. Los seres humanos somos iguales a como éramos hace muchos miles de años y nuestras preocupaciones han sido siempre inmediatas: comer, dormir, escapar del depredador, reproducirnos…</p>
<p>Estamos programados para actuar y obtener la recompensa en ese momento. Por eso preferimos entretenernos con cualquier cosa que nos dé satisfacción rápida (y cada vez hay más distracciones que nos bombardean desde todos los ángulos) que embarcarnos en un trabajo laborioso que nos será abonado o recompensado dentro de bastante tiempo. Aunque esta teoría no es compartida totalmente por toda la comunidad científica.</p>
<p>Afortunadamente, existen múltiples terapias y estrategias para la gestión del tiempo que pueden ayudarnos a dejar de procrastinar en nuestras ocupaciones (pero ya las contaremos otro día…). Y por suerte, cuando la fecha de entrega se atisbaba ya en el horizonte, como digo, y me empezaban a llamar de Yorokobu, dediqué todos mis esfuerzos a este artículo y este es el resultado, que creo que no ha quedado tan mal.<br />
Ahora mismo son las seis de la mañana del día anterior a su entrega, tengo el cenicero lleno de colillas, profundas ojeras, y he tomados seis cafés. Espero que al menos hayan leído hasta aquí y no lo hayan dejado para otro momento venidero.</p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Sergio C. Fanjul.</strong><br />
Periodista.<br />
<a href="http://www.yorokobu.es/ " target="_blank">www.yorokobu.es/</a></p>
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		<title>Qué significa ser emprendedor de sofá y 5 formas de evitarlo.</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1281</link>
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		<pubDate>Thu, 14 Mar 2013 08:47:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Cuando la inspiración llega, no hay quien la pare. Prácticamente todos hemos tenido una idea para crear “el mejor producto” que le haya pasado a la humanidad: pensamos que con sólo inventarlo será tan bueno que nuestro producto se &#8230; <a href="http://www.restforderest.com/archives/1281">Seguir leyendo <span class="meta-nav">&#187;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;<br/><br />
Cuando la inspiración llega, no hay quien la pare. Prácticamente todos hemos tenido una idea para crear “el mejor producto” que le haya pasado a la humanidad: pensamos que con sólo inventarlo será tan bueno que nuestro producto se va a vender solo, imaginamos la gente haciendo fila afuera de las tiendas para comprarlo, pensamos en nuestro rostro en la portada de las revistas de negocios y nuestra cartera llena del buen dinero de clientes satisfechos. Sí, todos somos culpables de haber pensado así en algún momento.</p>
<p>Con el tiempo te das cuenta que la inspiración no lo es todo: una buena idea por sí sola no basta.</p>
<p>Vamos a hacer un pequeño cuestionario antes de seguir:</p>
<p>-¿Tienes muchas y grandes ideas para nuevos negocios?<br />
-¿Dedicas más tiempo a hablar de tu nuevo negocio que en construirlo?<br />
-¿Han pasado 6 meses y todavía no has generado un solo producto?</p>
<p>Si respondiste que sí a las tres preguntas, ¡Felicidades, eres un Emprendedor de Sofá!</p>
<p>Pero tranquilo, no todo está perdido. Ser Emprendedor de Sofá significa que debes poner mayor empeño en convertir tu inspiración en acciones que te permitan traer tus ideas a la realidad. Aquí te damos algunos consejos para poder hacerlo.</p>
<p><strong>No tengas miedo de hablarle a tus clientes.</strong></p>
<p>Deja a un lado tus prejuicios y creencias. Puede ser que donde creas que estás atendiendo una necesidad, quizá en verdad no exista. ¿Para qué perder el tiempo creando un plan de negocios que puede tomarte mucho tiempo si al final te darás cuenta de que nadie quería tu producto?</p>
<p>Identifica y habla con tus clientes en toda oportunidad que tengas. Estas charlas pueden ahorrarte cientos de horas de trabajo y en ocasiones hasta dinero.</p>
<p><strong>Muestra tu producto.</strong></p>
<p>Perfeccionar un producto toma mucho tiempo. No tengas miedo de mostrar tu producto y dejar que tu cliente conozca sus ventajas. No importa si al principio tiene mala apariencia, te ayudará a recibir la retroalimentación que necesitas de las personas a las que quieres llegar.</p>
<p><strong>No esperes un socio técnico.</strong></p>
<p>A veces para crear nuestros productos necesitamos a alguien que nos complemente en temas que nosotros desconocemos; un ingeniero, un programador, un diseñador industrial, un experto en mercadotecnia, etc. Muchos negocios se detienen porque no pueden contratar ni conseguir un experto técnico en cierta materia.</p>
<p>Puedes conseguir la ayuda que necesitas hablando con tus clientes, pidiendo ayuda a la gente que tienes a tu alrededor o pagando a un profesional independiente que te cobre por proyecto. Siempre hay otro camino.</p>
<p><strong>No hables sobre tu producto… habla sobre el problema que soluciona tu producto.</strong></p>
<p>Cuando hables sobre tu negocio, no hables sobre las características de las cosas que haces, háblales sobre el problema y cómo es que tu producto lo atiende. Enfoca tu atención en el cliente, no en el producto. Esto hará que generes una conversación verdadera en la que el cliente se sienta identificado. Si generas un ambiente de empatía tendrás posibilidad de hablarle también a sus emociones.</p>
<p><strong>No temas experimentar.</strong></p>
<p>Es prácticamente imposible saber si algo va a funcionar. Los Start-ups consisten en experimentar y encontrar nuevas oportunidades. Cientos de libros, revistas y páginas de Internet están llenas de acciones que emprendedores han implementado. Revísalas, adáptalas o inventa las tuyas para encontrar las soluciones que necesita tu empresa, lo peor que puede pasar es que no funcionen. Experimentar es lo que te hace diferente como emprendedor.</p>
<p>Recuerda, somos lo que creamos.</p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Escrito por el equipo de Think&#038;Start.</strong>.<br />
<a href="http://www.thinkandstart.com" target="_blank">www.thinkandstart.com</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Imaginación al poder</title>
		<link>http://www.restforderest.com/archives/1268</link>
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		<pubDate>Wed, 06 Mar 2013 08:52:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[PAPERS]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy toca completar un pequeño rompecabezas. Se trata de una sencilla ecuación en la que tienes que mover uno de símbolos de los números para que la ecuación sea correcta: IV= III + III Seguro que te ha resultado sencillo, &#8230; <a href="http://www.restforderest.com/archives/1268">Seguir leyendo <span class="meta-nav">&#187;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><br/><br />
Hoy toca completar un pequeño rompecabezas. Se trata de una sencilla ecuación en la que tienes que mover uno de símbolos de los números para que la ecuación sea correcta:<br />
                                                                              <center> IV= III + III </center></p>
<p>Seguro que te ha resultado sencillo, ¿a qué sí? El 92% de las personas que participaron en la resolución de este acertijo encontraron la respuesta correcta. Pero hay un dato curioso detrás de ese 92%, se trata de aquellas personas con el lóbulo prefrontal de su cerebro dañado, éstas fueron capaces de solucionar este ejercicio en el 90% de los casos. Por ponerlo un poco más en contexto: los daños en el lóbulo prefrontal del cerebro impiden que la atención se pueda focalizar en algo concreto, es decir, las personas que sufren este desequilibrio son incapaces de concentrarse.</p>
<p>Vamos ahora con otro ejercicio que sigue las mismas reglas que el anterior:<br />
                                                                             <center> III = III + III </center></p>
<p>En este caso, sólo el 43% de los sujetos sin daño alguno en el cerebro fueron capaces de resolver este ejercicio. Sin embargo, las personas con daños en lóbulo prefrontal resolvieron la cuestión correctamente un 82% de las veces. La diferencia deja de ser anecdótica para convertirse en una buena pregunta. Y la respuesta está en la solución de la ecuación&#8230; simplemente teníamos que convertir el signo + en un =, y para ello sólo teníamos que mover una de las líneas. </p>
<p>Las personas sin daño alguno en el cerebro tuvieron dificultades para encontrar la solución, precisamente por no sufrir ese desorden. Su capacidad para focalizar les obligaba a fijarse en los números y no en los símbolos que los rodeaban. Al buscar la solución a través de las múltiples combinaciones en la posición de los números, caían en la trampa del pensamiento vertical, ese pensamiento que funciona en oposición a un pensamiento más panorámico y que dificulta la creación de soluciones diferentes a las que dicta la “lógica”. </p>
<p>Los pacientes con el lóbulo prefrontal dañado, al carecer de la capacidad para atender sólo a una cosa, eran mucho más hábiles a la hora de ver en horizontal. Su atención no conseguía centrarse en nada, y sí en todo. Y es precisamente esa visión de la realidad la que les permite generar muchas más posibles respuestas.</p>
<p>No siendo recomendable sufrir daño alguno en el cerebro, éste desequilibrio cerebral nos permite entender un poco mejor como funciona nuestra imprescindible imaginación. La imaginación tiene que ver con ese don que poseemos para ver más allá de lo evidente, un don que permite plantearse las cosas desde diferentes puntos de vista.</p>
<p>Hoy vivimos un mundo y una realidad donde II+II tiene muchas soluciones e interpretaciones posibles. Pensar en IV es ver lo que nos han enseñado sin capacidad alguna para dudar de ello, y esto nos impide crear otras realidades más adecuadas a nuestras necesidades y expectativas. Nos ha tocado vivir un momento donde muchas de las reglas que hasta ahora habían definido nuestros trabajos e instituciones se han visto sobrepasadas por los acontecimientos. Vivimos en un mundo repleto de metáforas, y las metáforas requieren de la imaginación para ser leídas correctamente. Sin imaginación, las reglas nos llevan por donde siempre nos han llevado, sin otorgarnos el derecho adquirido a prosperar. </p>
<p>“La vida vista en horizontal”, quizás sería un buen título para un libro, pero prefiero pensar en ello como una necesidad cada día más importante. La educación o el trabajo tienen que comenzar a ser concebidos de una manera muy diferente. No podemos seguir pensando en ellos como un conjunto de datos, normas y formas de proveer a otros de pensamiento ajeno. La idea es hacer pensar, dejar que crezca en nosotros la curiosidad de explorar y el hambre por saber. Frente a comida precocinada y masticada, que se manosea cada día fruto de intereses totalmente ajenos al desarrollo humano.</p>
<p>Los estudios nos demuestran que tenemos que quitarnos la venda de los ojos, que deberíamos comenzar a ver las cosas de una manera menos evidente y sí más imaginativa, porque la imaginación dará respuesta a las nuevas necesidades y forma a un mundo en el que todavía no hemos pensado.</p>
<p>&nbsp;<br/><br />
<strong>Roberto Rodríguez González</strong>.<br />
<a href="http://www.bitacorarh.com/es/imaginacionalpoder" target="_blank">www.bitacorarh.com/es/imaginacionalpoder</a></p>
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