¿Cómo se recauda el IVA?

 

Quién no se ha preguntado alguna vez cuál es el mecanismo que utiliza el estado para recaudar un impuesto tan común como es el IVA.

El IVA (Impuesto de Valor Añadido) es un impuesto indirecto que grava sobre el consumo. Se llama impuesto indirecto a aquél que no se repercute de forma directa sobre los ingresos del contribuyente. En este caso, además, la Agencia Tributaria, no lo percibe directamente del tributario, es decir nosotros como consumidores no realizamos una declaración de IVA de los productos/servicios que adquirimos, sino que son las empresas que nos los comercializan las que la realizan.

El primer país que lo instauró fue Francia durante el bienio 1953-55. Sus excelentes resultados provocaron que sucesivos países europeos lo fueran implantando hasta que terminó por aplicarse en todo el ámbito de la Comunidad Económica Europea. En España entró en vigor el 1 de Enero de 1986, coincidiendo con la fecha de ingreso en dicha Comunidad.

La manera a través de la que las empresas realizan una declaración de IVA es sencilla, se suma todo el IVA que repercute la empresa en sus facturas a sus clientes y le restamos todo el IVA que la empresa soporta en las facturas de sus proveedores, y la diferencia, si ésta es positiva, se liquida a la Agencia Tributaria, exigiéndose su compensación en caso contrario. Esto lleva implícito que para las empresas el balance de IVA es 0,00€, es decir pagan al estado la diferencia entre el IVA que reciben de sus clientes y el que pagan a sus proveedores.

Es fácil preguntarse, si el consumidor final no paga el IVA a la Agencia Tributaria y para las empresas el balance de IVA es 0,00€, ¿de dónde lo recauda el estado? Es lo que voy a intentar explicar ahora.

Imaginemos una cadena de valor completa, desde que un agricultor recoge una cosecha hasta que el producto llega al consumidor final.
 


 

 

El agricultor vende su cosecha a un distribuidor por 100,00€ y aplica el 21% de IVA, con lo que recauda 121,00€. Del mismo modo, el distribuidor vende la cosecha a una fábrica alimentaria por 200,00€ y aplica el 21% de IVA, con lo que recauda 242,00€. La fábrica vende su producto a una tienda por 300,00€ y aplica el 21% de IVA, con lo que recauda 363,00€ y finalmente la tienda vende el producto al consumidor final por 400,00€ y aplica el 21% de IVA, con lo que recauda 484,00€.

Vamos a realizar el ejercicio de efectuar las declaraciones de IVA de todas las partes y observemos qué ocurre:

El agricultor ha recaudado 21,00€ de IVA del distribuidor, suponiendo en el ejemplo que no ha soportado ninguno, con lo que en su declaración de IVA pagará a la Agencia Tributaria 21,00€.

El distribuidor ha recaudado 42,00€ de IVA de la fábrica alimentaria y ha soportado 21,00€ del IVA que ha pagado al agricultor, con lo que en su declaración de IVA pagará a la Agencia Tributaria 21,00€.

La fábrica ha recaudado 63,00€ de IVA de la tienda y ha soportado 42,00€ del IVA que ha pagado al distribuidor, con lo que en su declaración de IVA pagará a la Agencia Tributaria 21,00€.

La tienda ha recaudado 84,00€ de IVA del consumidor final y ha soportado 63,00€ del IVA que ha pagado a la fábrica alimentaria, con lo que en su declaración de IVA pagará a la Agencia Tributaria 21,00€.

Si sumamos lo que ha recaudado la Agencia Tributaria en toda la cadena de valor: 21,00€ + 21,00€ + 21,00€ + 21,00€ = 84,00€, la misma cantidad que paga el usuario final en concepto de IVA por el producto que ha adquirido.

En consecuencia y, aunque para cada empresa el balance de IVA es 0,00€, no es así para la Agencia Tributaria, que lo va recaudando a medida que el producto va adquiriendo valor y va pasando por los diferentes componentes de la cadena. Pero es en realidad el consumidor final, y último eslabón, el que soporta todo el montante del impuesto.
 

Albert Nicolau
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