¿Cuánto cambia una marca un cambio de nombre?

 

En los proyectos de branding, una de las cosas más difíciles y que más miedo genera es un cambio de nombre. La creación de un nombre es un proceso muy difícil que está totalmente asumido cuando se trata de una nueva compañía o un nuevo producto o servicio.

Pero si existen razones legales o estratégicas para cambiar el nombre de una marca que tiene un gran valor comienza el “pánico”, porque se asume que al cambiar un nombre se pierde todo lo que se había construido con el tiempo. Hemos vivido recientemente una fusión en el sector energético donde lo lógico hubiese sido un cambio de nombre que nunca se produjo del todo.

Eso no es cierto en absoluto. Recordemos cuando las natillas Danone se pasaron a llamar Danet. Es cierto que se gastó un dinero en publicidad, pero todo el mundo entendió que las natillas Danone ahora se llaman Danet, y punto.

Por poner un ejemplo podríamos pensar: “¿Qué hubiera pasado si en los tiempos de Juan Villalonga Telefónica hubiera cambiado de nombre?”. Con una inversión en comunicación similar a la que se hizo cuando Movistar cambió de imagen, el consumidor hubiera sabido sin duda que la antigua Telefónica había cambiado, y por tanto, la estatura y enorme capacidad de la marca se habría transferido a la nueva Newname. Esa Newname nacería con un gran valor, infinitamente superior al que tendría una startup llamada Newname. Además de eso, en mi opinión, dar ese paso hubiera simplificado mucho la arquitectura de marca pues ese nuevo nombre hubiese servido como marca corporativa y como marca comercial. Realmente pienso que eso hubiese sido un gran acierto.

En la transferencia de valor hacia el nuevo nombre influyen varias cosas. Una de ellas es la representación gráfica, que es capaz de crear diferencias entre “lo que leemos” y “lo que vemos”. Para ello los colores y los símbolos ayudan mucho.

Por ejemplo los clientes del Santander que viajaban a Londres y leían “Abbey” en sucursales rojas, con una llama delante, y con la tipografía del Santander, en realidad veían “Santander”. Otro factor que influye es la estrategia de transición. Si se diseña correctamente, a las audiencias se les da tiempo a acostumbrarse al nuevo nombre sin perder de la noche a la mañana el contacto con el anterior.

Cada caso es diferente y por eso no hay reglas inamovibles. Pero lo que es cierto es que se puede conservar lo bueno de la marca cambiando radicalmente el nombre. No olvidemos que la marca es un conjunto de percepciones. Por tanto, lo que se debe hacer es controlar adecuadamente el proceso para mantener las percepciones que nos interesen que no tienen por qué ir intrínsecamente unidas al nombre.

 

Luis Manzano
Fundador de SOULMAN Insightful Thinking
www.soulmanblog.com
www.soulman.es

Memoria transactiva y efecto Google

 

El concepto de memoria transactiva fue desarrollado por el psicólogo Daniel Wegner, de la Universidad de Harvard, planteando que no sólo almacenamos datos en nuestro propio cerebro, sino que también lo hacemos usando el de otras personas.

Recordamos menos datos a nivel individual pero sabemos en dónde está retenida dicha información. Esto es como usar a los demás individuos como una especie de disco externo y apoyarnos en su capacidad para obtener la información.

Dentro del contexto tecnológico-digital actual Google es el gran almacén de datos para el ser humano, es la gigantesca memoria colectiva externa y sus motores de búsqueda.

Los psicólogos lo llaman el “efecto Google”, es decir, la alteración en el proceso de aprendizaje y en el desarrollo que se produce cuando una persona tiene a golpe de “click” el acceso a una información que no supone ningún esfuerzo y al que acudimos de forma constante.

La revista Science (15.07.2011) recogió un estudio realizado a universitarios y mostraba que los alumnos que no retenían datos, era porque sabían que podían tener acceso a ellos a través de internet.

Todo esto no es ni bueno ni malo, pero como afirma el neurólogo Toshiyuki Sawaguchi (universidad de Hokkaido, Japón) “se está perdiendo la capacidad de recordar cosas aprendidas recientemente, para sacar datos antiguos y para distinguir entre la información importante y la poco importante. Es un tipo de disfunción cerebral”.

El psicólogo Raúl Quevedo Blasco, de la universidad de Granada, afirma que “las nuevas tecnologías son geniales, pero han logrado que muchas personas hayan olvidado multiplicar”.

Paradójicamente estamos en un momento en el que se están desarrollando juegos, como el popular Brain Training, para potenciar nuestra materia gris en el cerebro.

“Las nuevas tecnologías cambian paradigmas. De esta manera, las formas de procesamiento que eran habituales en generaciones anteriores se alteran; es decir, si en el pasado el procesamiento de la información era más lineal, actualmente es en paralelo, por eso una persona puede mantener al mismo tiempo varias conversaciones a través de Twitter, SMS y chat sin inconvenientes”, detalla el neurólogo Ricardo Allegri.

Está claro que las TIC han afectado al aprendizaje y al comportamiento de los alumnos. Citamos varios aspectos ampliamente investigados por la psicóloga Esther Legorgeu:

• Empeoramiento por el interés de libros escritos y la capacidad de comprensión.
• Pérdida de la capacidad de imaginación y de la inventiva. Internet lo da todo hecho y ahora lo que se hace es planificar la búsqueda de la información.
• Decrecimiento del esfuerzo mental y de realizar un trabajo intelectual.
• La exposición oral es menos atractiva por su falta de interactividad respecto de Internet.
• Las TIC fomentan el autoaprendizaje, ya que se puede profundizar aprovechándose de una enorme cantidad de información, mucho más global.
• Aumento de la capacidad de memoria visual.

Sea como fuere, el cerebro y sus capacidades cognitivas se está adaptando a las TIC y con el tiempo se sabrá si se están generando nuevas conexiones cerebrales o modificaciones en las áreas de materia gris, debido a la gran capacidad plástica de éste órgano (aquí difiero enormemente con algunos autores que aún creen en el postulado lamarkista de “la función crea al órgano” para ofrecer una explicación científica a un hecho que aún está por investigar con métodos de resonancia magnética o TAC)..

 

Jesús L. Barrón.
Profesor UNIR.
http://blogs.unir.net/mastersecundaria/