¡Compórtate como un niño! (para ser creativo)

 

Afrontar los problemas, las situaciones, con la llamada mente del principiante. Ese es quizá uno de los mejores consejos que se pueden dar para identificar soluciones creativas a problemas existentes. Esencialmente, quitarse todos los prejuicios e ideas preconcebidas, fruto de la experiencia, para empezar por el principio, para entender las cosas desde sus raíces.

Los niños son los auténticos maestros en adoptar la mente del principiante. Lógico: son auténticos principiantes. Y no tienen prejuicios. Seguro que, si tienes hijos, tendrás montones de anécdotas como la que voy a contar, pero aquí va mi favorita.

La simplicidad de las cosas

Mi hijo pequeño, con 2 años recién cumplidos, estaba pintando en el tablet con el dedo. Como solo pintaba en azul, le dije que probara con otros colores; le cambié al naranja en la paleta, y pinté un poco con mi dedo para que se convenciera. Se ve que no le gustó, y protestó, por lo que tuve que volver al azul. Al poco tiempo cambió de opinión y quiso volver al naranja. ¿Qué hizo? Coger el dedo de papá y ponerse a pintar. ¡Había deducido que era MI dedo el que pintaba naranja, y el suyo azul!

Cuando pinta con pintura de dedos, la cosa funciona así. Moja su dedito con la pintura del color que quiere, y lo aplica sobre el papel. No sabe lo que es un programa de ordenador, una pantalla capacitiva, nada. Aplicó la solución más simple, para él. Evidentemente estaba equivocado, pero no me negareis que, para un niño de 2 años, la lógica es aplastante.

Con demasiada frecuencia buscamos explicaciones complicadas a problemas simples.

Hay un chascarrillo que circula por ahí, no sé si cierto o no, según el cual los americanos invirtieron grandes esfuerzos en diseñar un bolígrafo que les permitiera escribir en el espacio (en ausencia de gravedad), mientras que los rusos lo resolvieron de manera más sencilla: con lápices de madera, de los de toda la vida. Cierto o no, el mensaje que hay detrás es claro.

Y, sí, mi hijo estaba equivocado, en el sentido de que en el tablet no se pinta por el motivo que creía él. Pero, si lo piensas, inspira la idea de que el dispositivo reconozca nuestro dedo frente al de otros y reaccione adecuadamente (control de seguridad, aplicaciones lúdicas, etc.). Seguro que esto se le ha ocurrido ya a alguien, pero de la observación, de las ideas de los niños, pueden salir grandes soluciones innovadoras. Por si alguien quiere seguir pensando en ello.

Juego de niños y la polinización cruzada de ideas

Volviendo a los niños, resulta fascinante pedirles que describan algo, o que lo dibujen. Sorprende sobremanera los detalles que perciben, cómo relacionan o comparan cosas.

Hace años que triunfó en televisión un programa llamado Juego de Niños. Se pedía a niños de diferentes edades que describieran algo o a alguien (como un avión, o al rey de España). Los concursantes, en base a lo que decían los niños, tenían que adivinar de qué (o quién) se trataba. Y era realmente difícil.

La verdadera dificultad estribaba no en la información parcial que en ocasiones daban los niños, sino en cómo asimilaban, interrelacionaban, mezclaban, unas cosas con otras, explicaciones inverosímiles a los ojos de un adulto. Lo que ahora se denomina la polinización cruzada de ideas: la combinación de ideas y conceptos que no tienen ninguna relación aparente inicial, pero que resultan en una solución creativa a un problema.

En el artículo 5 Ways To Innovate By Cross-Pollinating Ideas, nos sugieren cinco sencillos trucos para innovar mediante esta estrategia. Dichos cinco consejos son, muy resumidamente, la combinación de ideas dispares, la conversación con otras personas, la construcción a partir de ideas existentes, la involucración (vía contratación) de personas de diferentes perfiles y experiencias, y el uso de metáforas.

1. Combinar ideas dispares: no hace falta decir que los niños son capaces de construir historias de lo más inverosímiles, mezclando sitios, lugares, fechas. Construyen sus propios relatos, a su medida. Los resultados, las explicaciones que ofrecen, merecen ser observadas (¡al margen del orgullo paterno/materno, claro!)

2. Hablar con los demás, relacionándote con gente con intereses comunes. Los niños, a partir de cierta edad, tienden a jugar juntos. Imaginan juegos, se complementan unos a otros sugiriéndose ideas, comparten sus gustos, sus historias inventadas, sus dinámicas de juegos, sobre series, juguetes,… Ejercitan su imaginación en la hora del juego en el parque, el recreo, la piscina,… Las áreas de juego comunes son auténticos centros catalizadores de su imaginación y creatividad.

3. Construir a partir de ideas existentes: Hacer el ejercicio de coger dos cosas totalmente inconexas y combinarlas para obtener algo que tenga una utilidad. En lo referente a los niños, y por citar un ejemplo sencillo, son geniales inventándose animales combinación de otros. O combinando animales con otras cosas como herramientas, medios de transporte, etc. Además les gusta y les motiva. Prueba de ello es la cantidad de series infantiles que ahondan en este tema, como Jungla sobre Ruedas, con personajes como Furgofante, Bombidrilo, y un largo etcétera. Es un ejercicio interesante pedirle a un niño que se invente un animal.

4. Las ventajas de la variedad: mis hijos se llevan 4 años entre ellos. No podrían ser de forma de ser y de gustos más dispares. Y, por eso precisamente, a la hora del juego se complementan perfectamente. Es verdad que el uno no siempre quiere hacer lo que propone el otro pero, cuando juegan juntos, sale lo mejor de cada uno y disfrutan muchísimo. Desde su forma de ser, su experiencia y su edad.

5. Usar metáforas: el propio Juego de Niños constituye un ejemplo excelente de este aspecto. La descripción de cosas y personas por asimilación con otras (que les pueden resultar más familiares) era precisamente una de las cosas que más llamaba la atención. Por ejemplo, unos niños hablan de algo que es como un chorizo, que se parte en dos y que a veces uno se lleva una parte más grande que el otro. ¿A qué se refieren? ¡Al divorcio!

Luego, si hacemos caso a los consejos del artículo, los niños son perfectos polinizadores cruzados de ideas. ¿Quiere esto decir que tenemos que poner a los niños a innovar? Tal y como dice Tom Kelley, de IDEO, en su libro The Ten Faces of Innovation, se puede observar su comportamiento para extraer de ahí ideas de productos y servicios innovadores. Pero no hace falta ir tan lejos: basta con que adoptemos la mente del principiante, pensando en ese niño o niña que llevamos dentro, y veamos las cosas con una nueva óptica, desde la sencillez, los principios, porque muchas veces la respuesta está en las cosas más sencillas. O en la combinación de ellas.

¿Queda claro?

Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años! (Groucho Marx).

 

Ángel Gavín.
http://elmiracielos.com