Perdona, ¿tú eras optimista o positivo?

 

A ver, pregunta, ¿sabéis lo que es el SAR? Por decirlo de una forma sencilla, y para los que no lo sepáis, es el sistema de activación reticular. Es como una ‘clavija’ que hay en nuestro cerebro y que en función de su posición activa o desactiva las conexiones entre la parte racional y la de supervivencia y está provista de un sistema de seguridad en caso de emergencia por una causa: el miedo.

Cuando se da una circunstancia de éstas, es decir, miedo o temor por algo, podemos actuar de dos maneras. Aprovechando el subidón que nos aportan los productos químicos vigorizantes que genera nuestro organismo en ese momento para buscar opciones, sería una de ellas y la otra, se da en el caso de que ese sistema de seguridad de la ‘clavija’ que hablábamos antes salte. Esa circunstancia se dará porque el grado de miedo es demasiado elevado. Hemos entrado en el terreno del pánico y, por tanto, se activa el protocolo de supervivencia así que luchamos, huimos o, en caso de ser extremo, llegamos a paralizarnos.

Una persona positiva reacciona muy bien ante situaciones como ésta de miedo extremo. Con una orientación positiva basada en la autoconfianza, esta persona tiene la certeza de que hay una o más soluciones ante este problema y si no es capaz de encontrarlas en un breve espacio de tiempo, tened por seguro que empleará todas sus energías en pensar, planificar y actuar, esas opciones que todavía ni son, ni están. Incluso a veces son capaces de abandonarse y confiar.

Es sensata y de sentido común esta manera de proceder. Con este grado de autoconfianza nuestro cerebro se relaja y puede responder e incluso anticiparse con agilidad a las circunstancias que se nos vayan presentando. Sin ella, el miedo incluso aumenta debido a la percepción subjetiva y distorsionada de la realidad. Pasando, en muchos casos al pánico, con el consecuente estado de irracionalidad guidado por nuestro instinto de supervivencia.

Ser positivo nos convierte en incombustibles buscadores de opciones válidas. Es una competencia que nos permite abstraernos y ver todo el bosque y no quedarnos bloqueados delante de un tronco sin saber lo que hacer.

¿Un optimista? No cambia su disposición para generar las mejores opciones ante un problema. Se convence de que la situación no es un problema, que no tiene esa dimensión real y/o que tiene tiempo suficiente para reaccionar. Por resumirlo… que no es para tanto…

Ser optimista está bien, pero puede salirnos muy caro. Nos anestesia la parte de nuestro cerebro dedicada a alarmarnos. La atonta y llega a distorsionar la información que nos envía, con lo que no podremos valorar de manera objetiva el riesgo que tenemos ante nosotros.

¿Un ejemplo? Estamos en una paradisíaca playa en el Caribe y se acerca un huracán. El turista positivo buscará, sin agobios, opciones para protegerse, como conseguir víveres… El turista optimista, mirará al cielo, verá las nubes, se acercará al chiringuito con su pulserita de ‘todo incluido’ y dirá… ‘parece que se está levantado brisita, ponme otra piña colada, por favor’.

¿Yo? los que me conocéis me lo habéis escuchado mil veces: ‘No, para nada soy optimista, pero positivo… Siempre!!!’

 

José Luis Casal
Emprendedor, Comunicador 2.0, Formador, soñador empedernido y apasionadamente inquieto.
Cofounder @Talk2Us_. Amante del Marketing y Finanzas. Delegado Aerco.
http://jlcasal.es