Un mundo interior

 

¿Dónde sucede lo más interesante de nuestras vidas?, ¿dentro o fuera de nuestra cabeza?

La semana pasada vi una película que me recomendó un buen amigo: “La escafandra y la mariposa”.

El filme muestra la vida de un famoso periodista francés que sufre el síndrome del cautivo, una afección que postra a quien la padece en una cama sin posibilidad de mover ni un solo músculo de su cuerpo, excepto los párpados. El protagonista, ayudado por logopedas, consigue desarrollar un sistema de comunicación a través de los movimientos de sus párpados que le permite relacionarse con los que le rodean, pero lo verdaderamente interesante de la película no reside en lo que sucede de cara a fuera, sino dentro de la propia cabeza del personaje. Un cerebro intacto que le concede una vida muy diferente de la que había llevado hasta el momento.

La cinta es un claro alegato sobre la importancia de la vida interior. Un mundo donde la imaginación y el pensamiento se erigen como armas para construir el antídoto contra la muerte, herramientas íntimamente ligadas a la esencia del ser humano y que hacen a éste libre de las ataduras que nos impone nuestro entorno.

En un mundo orientado a la cultura del entretenimiento, pensar es algo que está totalmente infravalorado. Nos han hecho creer que pensar es sinónimo de no hacer nada. Trabajar o divertirse son sinónimos de acción, de hacer, pero no de pensar. ¿Y por qué pensar no es un verbo asociado a la acción?, tengo la sensación de que esto es así porque no se ve lo que pensar lleva asociado. En esta película, por contra, el pensamiento es acción, es vida, es un acto a través del cual se crean condiciones que permiten a su protagonista estar más cerca de su propia esencia.

Por desgracia, hemos diseñado un entorno en el que las prisas y la velocidad no dejan tiempo para pensar, ése es un lujo al alcance de muy pocos. Como consecuencia tenemos vidas ajenas, realidades diseñadas por la premura de la acción. Cuando la acción no está precedida del pensamiento propio, el resultado es algo que poco tiene que ver con nosotros mismos. La coherencia con nuestro mundo interior sólo puede darse si somos conscientes de su existencia y dedicamos tiempo a conocer lo que allí sucede.

Imagínate que un compañero de trabajo te ve sentado en tu silla sin hacer nada, se acerca y te pregunta: ¿qué estás haciendo?, y tú le respondes: pensando. Seguramente tu compañero creerá que estás perdiendo el tiempo. Por contra, si te ven apurado por los pasillos, de reunión en reunión, colgado del teléfono, rodeado de papeles, estresado, sin tiempo para nadie,…. pensarán que trabajas un montón.

Sinceramente creo que ésta es una de las causas de la muerte de las empresas. Cuando sólo se trabaja, lo que se está produciendo es la antesala de la caducidad, es la crónica de una muerte anunciada. ¿Por qué?, porque se niega el paso al mundo de las ideas, de la reflexión, de los seres humanos. Si una empresa no permite que sus profesionales tengan una vida interior profesional, es probable que carezcan de los mecanismos necesarios para hacer frente a los retos del futuro.

El problema de todo esto es que no se puede medir fácilmente, no tienen su claro reflejo en las cuentas de resultados, y por lo tanto no tienen sentido desde un punto de vista del “management”. El mundo de la empresa, al igual que nuestro mundo personal, está desbordado por la cultura del entretenimiento, de lo evidente, de lo que nos evita la dura carga de reflexionar sobre las cosas.

La empresa está atrapada también por el síndrome del cautivo, pero a diferencia del protagonista de “La escafandra y la mariposa”, no utiliza su cerebro para pensar, para liberarse de la dura carga de los prejuicios, de las apariencias, para ser más uno mismo y no lo que los otros creen que debería ser.

La escafandra tiene una alternativa, se trata de la mariposa.

 

Roberto Rodríguez González.
www.bitacorarh.com/es/mundointerior