Imaginación al poder



Hoy toca completar un pequeño rompecabezas. Se trata de una sencilla ecuación en la que tienes que mover uno de símbolos de los números para que la ecuación sea correcta:

IV= III + III

Seguro que te ha resultado sencillo, ¿a qué sí? El 92% de las personas que participaron en la resolución de este acertijo encontraron la respuesta correcta. Pero hay un dato curioso detrás de ese 92%, se trata de aquellas personas con el lóbulo prefrontal de su cerebro dañado, éstas fueron capaces de solucionar este ejercicio en el 90% de los casos. Por ponerlo un poco más en contexto: los daños en el lóbulo prefrontal del cerebro impiden que la atención se pueda focalizar en algo concreto, es decir, las personas que sufren este desequilibrio son incapaces de concentrarse.

Vamos ahora con otro ejercicio que sigue las mismas reglas que el anterior:

III = III + III

En este caso, sólo el 43% de los sujetos sin daño alguno en el cerebro fueron capaces de resolver este ejercicio. Sin embargo, las personas con daños en lóbulo prefrontal resolvieron la cuestión correctamente un 82% de las veces. La diferencia deja de ser anecdótica para convertirse en una buena pregunta. Y la respuesta está en la solución de la ecuación… simplemente teníamos que convertir el signo + en un =, y para ello sólo teníamos que mover una de las líneas.

Las personas sin daño alguno en el cerebro tuvieron dificultades para encontrar la solución, precisamente por no sufrir ese desorden. Su capacidad para focalizar les obligaba a fijarse en los números y no en los símbolos que los rodeaban. Al buscar la solución a través de las múltiples combinaciones en la posición de los números, caían en la trampa del pensamiento vertical, ese pensamiento que funciona en oposición a un pensamiento más panorámico y que dificulta la creación de soluciones diferentes a las que dicta la “lógica”.

Los pacientes con el lóbulo prefrontal dañado, al carecer de la capacidad para atender sólo a una cosa, eran mucho más hábiles a la hora de ver en horizontal. Su atención no conseguía centrarse en nada, y sí en todo. Y es precisamente esa visión de la realidad la que les permite generar muchas más posibles respuestas.

No siendo recomendable sufrir daño alguno en el cerebro, éste desequilibrio cerebral nos permite entender un poco mejor como funciona nuestra imprescindible imaginación. La imaginación tiene que ver con ese don que poseemos para ver más allá de lo evidente, un don que permite plantearse las cosas desde diferentes puntos de vista.

Hoy vivimos un mundo y una realidad donde II+II tiene muchas soluciones e interpretaciones posibles. Pensar en IV es ver lo que nos han enseñado sin capacidad alguna para dudar de ello, y esto nos impide crear otras realidades más adecuadas a nuestras necesidades y expectativas. Nos ha tocado vivir un momento donde muchas de las reglas que hasta ahora habían definido nuestros trabajos e instituciones se han visto sobrepasadas por los acontecimientos. Vivimos en un mundo repleto de metáforas, y las metáforas requieren de la imaginación para ser leídas correctamente. Sin imaginación, las reglas nos llevan por donde siempre nos han llevado, sin otorgarnos el derecho adquirido a prosperar.

“La vida vista en horizontal”, quizás sería un buen título para un libro, pero prefiero pensar en ello como una necesidad cada día más importante. La educación o el trabajo tienen que comenzar a ser concebidos de una manera muy diferente. No podemos seguir pensando en ellos como un conjunto de datos, normas y formas de proveer a otros de pensamiento ajeno. La idea es hacer pensar, dejar que crezca en nosotros la curiosidad de explorar y el hambre por saber. Frente a comida precocinada y masticada, que se manosea cada día fruto de intereses totalmente ajenos al desarrollo humano.

Los estudios nos demuestran que tenemos que quitarnos la venda de los ojos, que deberíamos comenzar a ver las cosas de una manera menos evidente y sí más imaginativa, porque la imaginación dará respuesta a las nuevas necesidades y forma a un mundo en el que todavía no hemos pensado.

 

Roberto Rodríguez González.
www.bitacorarh.com/es/imaginacionalpoder